PERSONAJES LUCHADORES DE NUESTRA HISTORIA AFROECUATORIANA





Alonso de Illescas nació alrededor de 1528, en África en la región de Cabo Verde, actual Senegal.  A la edad de 10 años aproximadamente, fue capturado por los negreros y llevado como esclavo a España. Fue bautizado y confirmado en Sevilla con el nombre de Enrique. Más tarde tomó el nombre de su amo, el mercader Alonso de Illescas,  alrededor de los 25 años aproximadamente, fue traído a América.



Alonso de Illescas fue considerado un estratega, logró establecer  oportunas alianzas con  indígenas,  rechazó a muchas expediciones militares en contra de los negros y los indios esmeraldeños, derrotando uno tras otro a los capitanes españoles. Estos acometían  la empresa, con el afán de buscar las esmeraldas, el oro, la madera, la tierra, y también para evitar que los negros se aliaran con los piratas ingleses y causaran daños a los intereses españoles.



 Alonso de Illescas  declarado un “Héroe Nacional
El Congreso Nacional del Ecuador, emitió en la ciudad de Quito el 2 de octubre de 1997.  La  “Ley Especial de la Institucionalización del Día Nacional del Negro y  Reconocimiento como Héroe Nacional a Alonso de Illescas, por ser  defensor de la autonomía y la libertad   del pueblo negro e indígena.    Esmeraldas ha sido la primera provincia   que pisaron   los españoles,  gracias a la alianza de indígenas y negros, nunca lograron someterla totalmente.


528-1585 (Siglo XVI)
 
Por qué Alonso de Illescas fue declarado un “Héroe Nacional”?. Alonso de Illescas fue un estratega, (persona que conocía como hacer la guerra de guerrillas). Rechazó a muchas expediciones militares en contra de los negros y los indios esmeraldeños, derrotando uno tras otro a los capitanes españoles. Estos acometían a la empresa, con el afán de buscar las esmeraldas, el oro, la madera, la tierra, y también para evitar que los negros se aliaran con los piratas ingleses y causaran daños a los intereses españoles.
Alonso fue también “diplomático”, ya que si por un lado luchaba contra los españoles, por el otro sabía convertirlos en amigos, ayudando a los numerosos náufragos que encontraba en las playas a recuperarse de salud y luego les facilitaba la salida a Portoviejo, Quito o Guayaquil.
Cuando se encontró con el sacerdote Miguel Cabello de Balboa en la desembocadura del río Atacames, construyó la primera capilla provisoria en la playa. Oró e invocó la misericordia de Dios y también a de Nuestra Señora de Guadalupe. Subrayamos que a la invitación hecha por Balboa a Alonso de acercarse a los sacramentos, contestó: “mientras estoy ocupado en la redención de esa gente, prefiero esperar”. Rechazó así la gran mentira del conquistador “Por Dios y por el Rey”. Comprendió que Dios es Dios de libertad, Dios de la Vida, que va más allá de los imperios humanos, de las iglesias, para conseguir la instauración en Cristo de único Reino de paz, justicia y hermandad.
También fue un verdadero gobernante. Nunca se dejó sobornar. Rechazó el título de gobernador, que el presidente de la Real Audiencia, le ofreció por escrito y le hizo llegar a sus manos, por intermedio del sacerdote Miguel Cabello de Balboa.
Es de notar que muchos capitanes perdieron toda su hacienda para lograr el título de gobernador de las Esmeraldas. Y este negro cimarrón, huido de la esclavitud, que según la ley merecía castigos, se permitió rechazar el indulto real y la gran oportunidad de ser gobernador por cuenta del Rey.
Fue un formador de líderes, empezando por su hijo Alonso Sebastián de Illescas y su nieto Jerónimo. De modo que fueron amantes de la justicia y de la libertad, manteniendo su territorio libre del dominio español.
Alonso defensor de la autonomía y la liberta del pueblo negro e indígena. De hecho aunque Esmeraldas ha sido la primer provincia pisada por los españoles, gracias a la alianza de indígenas y negros, nunca lograron someterla totalmente.
Todavía a mediados del siglo XVIII, Pedro Vicente Maldonado se quejaba porque los negros y los mulatos no pagaban tributo a nadie, y sugería emplearlos en la defensa de la costa de los piratas holandeses.

Biografia

Alonso de Illescas nació alrededor de 1528, en África en la región de Cabo Verde, actual Senegal. A la edad de 10 años aproximadamente, fue capturado por los negreros y llevado como esclavo a España. Fue bautizado y confirmado en Sevilla con el nombre de Enrique. Más tarde tomó el nombre de su amo, el mercader Alonso de Illescas.
Tuvo la oportunidad de aprender la lengua de los dominadores, su forma de vivir, educar a los hijos, guerrear y hasta los entretenimientos. Se volvió hábil en el uso de las armas y también en instrumentos musicales propios de las grandes familias de la época.
Alrededor de los 25 años aproximadamente, fue traído a América por la familia de los Illescas, quienes lograron constituir una especie de empresa comercial entre Sevilla y Lima. En octubre de 1553, navegando desde Panamá hacia Lima, el barco del mercader Alonso de Illescas, tuvo muchas dificultades por las corrientes y el tiempo adverso, además se quedó sin provisiones.
Pasado el Cabo de San Francisco, a la altura de la ensenada de Portete, en la provincia de Esmeraldas, estando en tierra los esclavos 17 negros y 6 negras, debido a los fuertes vientos, el barco golpeado por las olas, fue empujado hacia los arrecifes donde encalló. Esto ayudó para que los negros huyeran al interior de la selva. Los españoles intentaron salvar algunas cosas, pero con poco éxito. De allí se marcharon a Portoviejo para salvar sus vidas.

Inicio del liderazgo de Alonso de Illescas.

A la muerte de Antón, después de superar algunas rivalidades internas, Alonso de Illescas, fue reconocido como nuevo líder.
Cuenta Miguel Cabello de Balboa, que en una ocasión los negros habían invitado a un gran banquete al cacique Chilianduli con sus indios, en el pueblo de Dobe. Sorpresivamente en el ápice de la fiesta matan a 500 indios, imponiéndose definitivamente como “señores absolutos”.
Realizaban correrías en una vasta área llegando hasta Portoviejo infundiendo miedo a los españoles, que inútilmente en múltiples ocasiones intentaron someterlos.
Supo ganarse la amistad de los indígenas, realizando oportunas alianzas, en particular con la tribu de los Niguas. Para los indígenas no hubo otro remedio que pactar y aceptar a los recién llegados. Pero consiguieron que los apoyaran en la lucha contra las tribus enemigas, sobre todo la de los temidos Campaces. Como señal de alianza les concedieron sus mujeres, surgiendo así una nueva raza en América “los zambos de Esmeraldas”. Más tarde en 1599 el pintor Andrés Sánchez Gallque, por orden del oidor Juan del Barrio, pintó a los “Caciques Negros de Esmeraldas” y envió el gran retrato al Rey de España, Felipe II.

Encuentro de Alonso de Illescas con el sacerdote Miguel Cabello de Balboa.

Alonso era ladino, valiente al guerrear, conocía muy bien la lengua española, aprendió muy pronto las lenguas locales. Con los españoles mantuvo una relación que podríamos definir de odio y amor, para poder conservar su autonomía y al mismo tiempo aprovechar su amistad.
Estableció su pueblo en la cabecera del río Atacames, que se llamaría San Martín de la Campaces, a la desembocadura del cual se realizó el encuentro histórico con el presbítero Miguel Cabello de Balboa, en el mes de septiembre de 1577.
Alonso de Illescas le preguntó al sacerdote que hacía en su tierra. Este contestó que le llevaba el perdón del Rey y el nombramiento de Gobernador de las Esmeraldas. Alonso tomó en sus manos el nombramiento. Agradeció pero añadió que antes de aceptar, tenía que hablar con su gente.
De hecho se marchó con su comitiva. Más tarde hizo otra visita con toda su gente, prometiendo una tercera, que no se realizó, porque apareció un barco en la bahía, procedente de Portoviejo, causando desconfianza. Pensaron que sería otra traición de los españoles. Los negros no se presentaron más.
Cuando los compañeros de Miguel Cabello de Balboa volvieron a subir al río Atacames, encontraron balsas destrozadas y plantas arrancadas, señal evidente de que se había roto las relaciones y que podía haber peligro.
El presbítero Miguel Cabello de Balboa, junto con sus compañeros, decidieron emprender el camino por la costa, hasta Bahía de Caráquez, siempre vigilado de lejos por los indios de Alonso. Allá tuvieron ayuda para seguir hasta Portoviejo, luego Guayaquil y finalmente llegaron a Quito, el 10 de febrero de 1578.
Los negros quedaron libres en su nueva tierra y supieron rechazar todo intento de sometimiento de parte de los españoles.
El hombre, Alonso de Illescas. Miguel Cabello de Balboa reconoce abiertamente que Alonso de Illescas era un hombre con cualidades superiores. Escribe a Rey manifestándole que no era tan fácil sojuzgar a un hombre, que estaba bien preparado y que sabía defenderse en todos los campos.
Alonso, se casó con una hija del cacique Chilianduli y tuvo otras mujeres. Educó a sus hijos como en las familias españolas, les enseñó el uso de las armas e incluso a fabricarlas. Entre los hijos de Alonso recordamos a Enrique, Alonso Sebastián, Baltasar. Entre las hijas recordamos a Justa, que en una de las entradas del Capitán Andrés Contero fue apresada, hecha esclava, enviada a Guayaquil y casada con un esclavo del mismo Capitán. Otra hija se llamaba María y se casó con Gonzalo de Ávila, ellos tuvieron una hija llamada Magdalena.




María Chiquinquirá, nacida en Baba, provincia del Guayas,  símbolo de la resistencia de la Mujer Negra. El proceso  del juicio abarca  más de cuatro años. María Chiquinquirá lucho por conseguir la libertad de su hija llegando a un acuerdo conveniente con un escribano el cual le prometió que en menos de un mes podía ser libre ella y su hija.



En el  Archivo Nacional de Historia en  Quito, en uno de sus expedientes, se recoge el juicio que María Chiquinquirá Díaz, en el que  plantea a su amo Don Alfonso Cepeda, reclamando su libertad.   María Chiquinquirá era hija de una esclava llamada María Antonia.
María Chiquinquirá contrajo matrimonio con un sastre llamado José Espinoza, por lo que  Don Alfonso,   le permitió trabajar fuera de la casa y ser prácticamente libre,  tuvo  una hija llamada   María del Carmen la cual nació y gozaba de cierta prosperidad, por lo que su demanda era también pedir la libertad suya y de su hija.
María Chiquinquirá, en la libertad con que había vivido, se olvidaba de que era esclava. Sin embargo,  Don Alfonso se encargó de recordárselo,  igual que ocurriera veinte años atrás con ella, al ver a María del Carmen ya en edad de servir de algo, la reclamó para que sea esclava de su hermana ciega,  pero  María Chiquinquirá no se resignaba a admitir la servidumbre de su hija.


Martina Carrillo trabajaba en la hacienda de la Concepción y  junto a Pedro Lucumí formaron parte de la comisión que visitó al Presidente, para presentar sus quejas en contra del maltrato de sus patronos.
A finales de enero de 1778,  tres parejas de esclavos entre ellos Martina Carrillo, huyeron para ir a Quito a presentarse ante el Presidente, una serie de quejas referentes al maltrato que recibían por parte del administrador Francisco Arrecoeche.

Las quejas que la Comisión presentó al Presidente José Dibuja, fueron las siguientes:
  1. A los esclavos se les daba menos comida de lo que la Ley dictaba, haciendo la alimentación netamente insuficiente.
  2. La renovación del vestuario no se efectuaba a su debido tiempo.
  3. Se obligaba a los esclavos a trabajar los domingos, hasta el medio día, quitándoles tiempo para el descanso y para trabajar sus pequeñas chacras (contrariamente a la costumbre establecida desde el tiempo de los jesuitas).
  4. Los esclavos recibían castigos demasiados rigurosos e injustificados, ya que eran cumplidos en sus labores.
El Presidente Dibuja, los recibió y los escuchó, consideraba que los esclavos tenían derecho a recurrir a la autoridad superior, por lo que decidió  enviar a un nuevo administrador, de nombre Andrés Fernández, con el encargo de reemplazar al anterior y de investigar sobre las acusaciones presentadas por los esclavos.
Cuando los esclavos volvieron a La Concepción, fueron  castigados: a Lucumí, le dieron 500 latigazos por ser el jefe de la Comisión; a Martina le dieron 300 latigazos  y así fue con todos los de la Comisión, tanto que después de 15 días todavía no podían regresar al trabajo.
El nuevo administrador,  llegó después de dos meses, vio todas las señales de los castigos recibidos, a pesar de la orden del Presidente de no castigarlos.  Arrecochea intentó defender su actuación,  el nuevo administrador decidió enviar a su predecesor a la prisión real de Quito y fue   condenado  a pagar una multa de 100 pesos al Estado  y otra multa de 100 pesos, a los esclavos que habían sido víctimas de su crueldad.
Martina Carrillo y sus compañeros  siguieron esclavizados, pero habían conseguido mejorar las condiciones de vida de todos y todas las compañeras y sentar un precedente:
  • La posibilidad para los esclavos de hacer respetar sus derechos y reconocer su dignidad;
  • El poder recibir una compensación financiera por los perjuicios de los que habían sido víctimas.




Ambrosio Mondongo trabajó en una de las haciendas de propiedad de Don Carlos Araujo (Julio de 1789).
Ambrosio Mondongo no pudo tolerar más tiempo de atropello, lo cual da paso a una rebelión en contra de los dueños de la hacienda que pertenecían a la jurisdicción de Salinas (Ibarra), San José y Puchimbuela.
Ambrosio Mondongo fue un líder y cabecilla que se rebeló, dando paso a una rebelión, que  pronto sacudió al Valle, desde un oculto lugar, logro crear conciencia entre los suyos, del fundamento de la dignidad, en el goce de la libertad. El consecuente fervor se dejó sentir en la hacienda “La Concepción”, de las temporalidades y propiedad, a la época, de Don Juan Chiriboga.




Fulgencio Congo era un líder de esclavos, tenía tres hijos. Acusado de favorecer la insubordinación de los trabajadores y de haber liderado en algunas ocasiones varias sublevaciones.
Fungencio Congo hizo varios reclamos al presidente de la Real Audiencia, entre ellos: malos tratos y abusos por parte del administrador a los esclavos durante ocho años. Denunció que las raciones alimenticias compuestas por carne y maíz que daban a los esclavos eran insuficientes hasta para un niño, continuos azotes, látigos, grilletes en los pies y en el cuello, encierros en la cárcel, improperios y desaires, palabras insultantes.
De acuerdo a estos reclamos, se realizo investigaciones, para determinar si lo que decía fungencio era cierto. Por lo tanto el administrador dijo que si “había mucho látigo”, era porque los hacendados se quejaban del robo de ganado y eso pasaba en la misma haciendo Tababuela; por eso castigaban con severidad. En cuanto a la alimentación argumentó el mayordomo que los alimentos eran distribuidos cada 15 días. Además los esclavos tenían sus huertos, que les daba alimentación suplementaria, y vendían algodón.
El 21 de julio de 1799 se  terminó las averiguaciones. No sabemos cómo terminó el juicio pero con toda probabilidad la peor parte la tuvo Fulgencio.

Fuente: http://www.mmrree.gob.ec/afrodescendientes/heroes.asp

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