Barcelona SC: La Sur Oscura no entrará a la general del Monumental

DEPORTES |
Presidente de Barcelona SC: La pelea es por una pugna de la Sur Oscura

Una gresca en la localidad de la general sur del estadio Monumental obligó a las autoridades de control a suspender el partido entre Barcelona SC vs. Macará, por la fecha 2 de la serie A del Campeonato Nacional. El choque se reanudará este lunes a las 12:00. 

A los 11 minutos del compromiso, el árbitro Roddy Zambrano decidió detener el encuentro porque se originó una pelea entre miembros de la barra Sur Oscura; se lanzaron botellas y varios objetos que dejaron varios heridos.

Los policías intentaron controlar la situación, pero varios aficionados continuaron atacándose; y decidieron abrir la puerta de la general hacia la preferencia para que los hinchas que llegaron a ver el duelo puedan ponerse a mejor resguardo. El Ministerio del Interior indicó que 402 uniformados estaban en el escenario.

Ante esto, el juez Zambrano se reunió con Susana Marca, delegada de la Fiscalía, y tras unos minutos de diálogo decidieron suspender el juego porque no tenía las garantías de seguridad que exige la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF); esto fue anunciado por los parlantes del escenario torero.

Mientras dialogaban el árbitro y la comisaria, el personal de la Cruz Roja atendía a varios heridos alrededor de la cancha. 

Cuando se hizo el anuncio, las personas de las otras localidades pidieron a los protagonistas de la pelea que se vayan del estadio.

"Previamente al ingreso al escenario deportivo, durante las revisiones de rutina se detuvo a tres personas, dos por tenencia de sustancias sujetas a fiscalización y una por tenencia de arma blanca", detalló el Ministerio.

Incidentes en los exteriores del hospital Guayaquil

La gresca continúo la noche del domingo en los exteriores del hospital Abel Gilbert, suburbio de Guayaquil, a donde llegaron los heridos del estadio Monumental.

Las barras se volvieron a agredir ante la presencia de dos policías y de familiares de las víctimas; un taxista resultó afectado en medio de la gresca. (D)


Líderes consuelan al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva por la muerte de su esposa.

NOTICIAS |
Marisa Letícia Lula da Silva, ex primera dama de Brasil y mujer del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva durante 43 años, ha muerto este 3 de febrero a los 66 años tras sufrir, el 24 de enero, un derrame cerebral en su casa de São Bernardo do Campo, una localidad del Estado de São Paulo. Fue ingresada en un centro sanitario local y, después, trasladada al hospital Sirio Libanés, en el centro de la ciudad. Allí se le ha declarado la muerte cerebral. 


Conocida por su bajo perfil, Rocco, hija de un taxista inmigrante italiano de Sao Bernardo do Campo, fue un respaldo histórico de la carrera política de Lula, primero como sindicalista en los años 70 y luego al frente del PT, en los años 80. En 1980 ella lideró la Marcha de las Mujeres para reclamar la liberación de sindicalistas que habían sido presos por realizar huelgas en el Gran San Pablo contra la dictadura militar, entre ellos Lula. Ambos se conocieron mientras vivían tragedias familiares: Lula había perdido en el parto a su primera esposa y a su primer hijo, mientras Rocco criaba sola a su hijo porque había quedado viuda de su marido, un taxista asesinado durante un robo.

Marisa Letícia Lula, el brazo derecho del expresidente brasileño durante cuatro décadas


NOTICIAS | INTERNACIONALES

La mujer del ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, Marisa Letícia Lula, ha fallecido este jueves en el Hospital Sirio-Liberanés de Sao Paulo, después de que empeorara su salud a raíz de una hemorragia cerebral.


Conversión de San Pablo

RELIGION |
Hoy celebramos la Conversión de San Pablo

Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino, eligiéndole para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.
Pablo, llamado Saulo en el uso y rigor judío, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo había aprendido o recibido de los hombres.

Perteneció a la casta de los fariseos. Había nacido en Tarso, ciudad que pertenecía al mundo grecorromano; quien nacía allí tenía la categoría de ciudadano romano y lo era tanto como el centurión, el procurador, el tribuno o magistrado. Necesariamente, por ser judío no le cupo más suerte en la niñez que andar disimulando su condición entre los demás del pueblo, ocultando su creencia, tenida como superstición por los paganos romanos. Es posible que esto le fuera encendiendo por dentro y le afirmara aún más en su fe, cuando iba creciendo en edad y tenía que defenderse marchando contra corriente.

Era más bien bajo, de espaldas anchas y cojeaba algo. Fuerte y macizo como un tronco. Un rictus tenía que le hacía fanático. Conocía los manuscritos viejos escritos con signos que a los griegos y a los romanos les parecían garabatos ininteligibles, pero que encerraban toda la sabiduría y la razón de ser de un pueblo. Listo como un sabio en las escuelas griegas de Tarso, familiarizado con los poetas y filósofos que habían pasado el tiempo escribiendo en tablillas o pensando. Para los griegos solo era un hebreo, miembro de aquellas familias que vivían en un islote social, aislado entre misterios inaccesibles a los de otra raza, uno de los que tenían prohibido el acceso a las clases cultas y dirigentes; era de esos que se hacían despreciables por su puritanismo, por sus rarezas ante los alimentos, su modo de divertirse, de casarse, de entender la vida, de no asistir a los templos ¡un ambiente nada claro!

A los dieciocho años se fue a Jerusalén para aprender cosas del judío verdadero, las de la Ley patria, la razón de las costumbres; ansiaba profundizar en la historia del pueblo y en su culto. Gamaliel lo informó bien por unos cuartos. Aprendió las cosas yendo a la raíz, no como las decía la gente poco culta del pueblo sencillo y llano. Supo más y mejor del poder del Dios único; aprendió a darle honra y alabanza en el mayor de los respetos y malamente soportaba con su pueblo el presente dominio del imponente invasor. Esto le ponía furioso. Los profetas daban pistas para un resurgimiento y los salmos cantaban la victoria de Dios sobre otros pueblos y culturas muy importantes que en otro tiempo subyugaron a los judíos y ya desaparecieron a pesar de su altivez; igual pasaría con los dominadores actuales. El Libertador no podría tardar. Mientras tanto, era preciso mantener la idiosincrasia del pueblo a cualquier costa y no ser como los herodianos, para que la esperanza hiciera posible su supervivencia como nación. No se podía dejar que un ápice lo apartara de la fidelidad a las costumbres patrias. Eso le hizo celoso.


Y mira por donde, aquella herejía estaba estropeando todo lo que necesitaba el pueblo. Locos estaban adorando a un hombre y crucificado. No se podía permitir que entre los suyos se ampliara el círculo de los disidentes. Había que hacer algo. No pasaban, sino que las noticias decían que estaban por todas partes como si se diera una metástasis generalizada de un cáncer nacional. Hacía años que ya estuvo, colaborando como pudo, en la lapidación de uno de aquellos visionarios listos, serviciales, piadosos y caritativos pero que hacían mucho daño al alto estamento oficial judío; fue cuando lo apedrearon por blasfemo a las afueras de Jerusalén, y lastimosamente él sólo pudo guardar los mantos de los que lo lapidaron. Hasta le parecía recordar aún su nombre: Esteban.

Su conversión fue en un día insospechado. Nada propiciaba aquel cambio. Precisamente llevaba cartas de recomendación de los judíos de Jerusalén para los de Damasco; quería poner entre rejas a los cristianos que encontrara. Hasta allí se extendía la autoridad de los sumos sacerdotes y principales fariseos; como eran costumbres de religión, los romanos las reconocían sin hacerles ascos. Saulo guiaba una comitiva no guerrera pero sí muy activa, casi furiosa, impaciente por cumplir bien una misión que suponían agradable a Dios y purga necesaria para la estabilidad de los judíos y para proteger la pureza de las tradiciones que recibieron los padres. Aquello parecía la avanzada de un ejército en orden de batalla, con el repiqueteo de las herraduras en las pezuñas de las monturas sobre el duro suelo de roca ante Damasco donde caracoleaban los caballos. Llevaban ya varios días de caminata; se daban por bien empleados si la gestión terminaba con éxito. Iba Saulo "respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor". En su interior había buena dosis de saña.


"Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de súbito le cercó una luz fulgurante venida del cielo, y cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer. Y los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada veía. Y llevándole de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió" (Act. 9, 3-9).


Tres días para rumiar su derrota y hacerse cargo en su interior de lo que había pasado. Y luego, el bautismo. Un cambio de vida, cambio de obras, cambio de pensamiento, de ideales y proyectos. Su carácter apasionado tomará el rumbo ahora marcado sin trabas humanas posibles _su rendición fue sin condiciones_ y con el afán de llevar a su pueblo primero y al mundo entero luego la alegría del amor de Dios manifestado en Cristo.


El relato es del historiador Lucas, buen conocedor de su oficio. Se lo había oído veces y veces al mismo protagonista. No hay duda. Vió él mismo al resucitado; y lo dirá más veces, y muy en serio a los de Corinto. Por ello fue capaz de sufrir naufragios en el mar y persecuciones en la tierra, y azotes, y hambre y cárcel y humillaciones y críticas, y juicios y muerte de espada; por ello hizo viajes por todo el imperio, recorriéndolo de extremo a extremo. Y no creas que se lamentaba; le ilusionaba hacerlo porque sabía que en él era mandato más que ruego; el dolor y sufrimiento más bien los tuvo como credenciales y las heridas de su cuerpo las pensaba como garantía de la victoria final en fidelidad ansiada.

Entre tantas conversiones del santoral, la de Pablo es ejemplar, paradigmática. Más se palpa en ella la acción divina que el esfuerzo humano; además, enseña las insospechadas consecuencias que trae consigo una mudanza radical.

Les dejamos un vídeo sencillo para entender qué es lo que este evento le dice a nuestras vidas. Un gran abrazo.


FUENTE / http://es.catholic.net

REPORTAJE DESTACADO

50 años de los BEATLES