La red atrapa corazones y deseos con rostros invisibles






De las románticas cartas que escribían los abuelitos y enviaban por correo postal a quienes pretendían, por las que en ocasiones tenían que esperar días o semanas para recibir una respuesta, hoy solo es necesario hacer un ‘click’ para enviar un mensaje o foto a la persona en la que se tiene algún tipo de interés romántico antes de recibir una respuesta inmediata.

Las redes sociales de internet son algunas de las “herramientas” de la era digital que utilizan cientos de personas para coquetear, hacer amigos, o tan solo, como algunos lo expresan tener un “vacile”. En Ecuador, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), 3 de cada 10 ciudadanos tienen internet. Un 40% lo usa para educación y aprendizaje, un 27,2% lo hace para tener información y el 22,4% para comunicarse.

Esa es la principal razón de Marcos, de 30 años, quien ha tenido diez novias, cuatro de ellas conocidas por medio de las redes sociales, una de ellas su esposa, con quien inició una relación en el chat a los 20 años. La pareja actualmente se encuentra en proceso de divorcio.

En 1996 comenzó a utilizar MIRC, una de las primeras salas de chateo, la que luego fue reemplazada porque los usuarios migraron a Windows live messenger, Hi5, Twitter y Facebook, entre otras, por las nuevas facilidades que brindaban para comunicarse virtualmente.


El MIRC era un que programa que había en los cybers, se lo descargaba para ingresar a diversas salas de chateo. En ese entonces las más conocidas eran Baticueva y Guayaquil. A los 18 años conoció a una de sus enamoradas. “Pedí verla en persona, salimos y fuimos enamorados”.
Pero también ha tenido malas experiencias. En una ocasión una de las jóvenes con las que llevaba chateando un mes y medio le mintió. “Me decía que tenía 22 años y que era estudiante universitaria cuando realmente tenía 17 años y estaba recién por salir del colegio”. Cuando la conoció en persona descubrió la verdad: “era una persona inmadura, se perdió la magia…Ella me había pintado un paisaje precioso pero en realidad era otra cosa”.
El sociólogo Carlos Tutivén cita al filosofo judío Emmanuel Lévinas y su teoría de la ética del rostro. “¿Qué pasa en una relación amorosa cuando no está el rostro del amado o de la amada? La relación es con uno mismo. No veo a esa persona para decirle lo que pienso y que puede ser doloroso y que puede volverme vulnerable ante la otra persona o que me digan que no, que es el miedo típico”.
Abigaíl Sánchez Carló, de 19 años, descubrió el verdadero rostro de su enamorado luego de dos años de relación. Fue una experiencia bonita pero también peligrosa conocerlo en Facebook. Ella tenía 16 años y su novio 19. Chatearon por Facebook y BlackBerry Messenger cerca de dos meses, después se citaron en un restaurante. Hubo química y empezaron a conocerse en la cotidianidad durante dos años. “Por medio de la red yo era bonita y él también cuando nos vimos, nos dimos cuenta que había defectos”.
Un tiempo después cerró su primera cuenta en Facebook, una de las 5’336.120 que hay en Ecuador, según Socialbakers. Tenía más de 3.000 amigos. Lo hizo porque recibía mensajes “extraños y feos” de personas que no conocía. Abrió una nueva en la que solo tiene a quienes conoce.
Esta transformación del amor en la sociedad digital fue descrita con claridad, según Tutivén, por el sociólogo polaco Zigmunt Bauman en su libro Amor Líquido sobre las relaciones de parejas. “Jamás uno puede agarrar el agua, es una metáfora de los fluidos de la información, pero el amor también pasa por ahí, ha pasado con grandes traumas. Los jóvenes en su construcción de pareja son muy intolerantes al sufrimiento y el amor requiere ser tolerante al sufrimiento”.
¿Qué sucede cuando el chico o la chica le termina? La relación “se despacha” cuanto antes, se lo deja de seguir en el Twitter y en Facebook o se le manda un mensaje para no enfrentar la responsabilidad de una cara de verdad que le pueda decir cosas que no quiere ver ni oír.
Federico, de 21 años, conoció a su enamorado, a quien llama “el amor de su vida” en el BlackBerry Messenger. No sabe cómo llegó a ser uno de sus contactos. Hace seis meses lo vio y comenzaron a chatear. Un mes después Federico le pidió a él verse en persona.
Ese día estaba ansioso pues reconoce que hay una gran diferencia entre hablar por una red social y estar luego cara a cara con la persona que te gusta. “Es algo físico, fueron dos cuerpos, tú te contactas, se lo dices a los ojos, sientes, transmites las cosas que estás diciendo”.
Su enamorado vive en Quito, solo se ven dos veces a la semana. Para Federico la distancia ha generado desconfianza. “Él me puede decir una cosa por mensaje, pero a lo mejor está haciendo otra”.

Amor en Hi5

Los esposos Sandra Quinteros de Santamaría y Luis Santamaría Riofrío, de 34 y 37 años, se enamoraron en Hi5. Hace cuatro años Luis vio la foto de su ahora esposa en Hi5, le envió un mensaje y aunque no le respondió inmediatamente, sino después de un mes, se hicieron amigos virtuales. Ella recuerda que se demoró en contestarle porque no lo conocía y su familia siempre le repetía que no hablara con extraños, pero luego comenzó a sentir curiosidad por saber quién era. “No me acordaba que lo había visto antes”. Decidió contestarle cuando la invitó a tocar el piano en un evento pues él vio que en su foto de perfil ella estaba tocando el piano.
- ‘Tocas muy bien el piano’, le escribió Luis.
 - Sandra respondió: ‘¿cómo sabes que toco bien el piano?’
 - Luis: ‘Por la forma en como colocas tus dedos sobre las teclas’.
Después de revisar su perfil se hicieron amigos virtuales durante un año. Luis tomó la iniciativa de conocerse en persona. Se citaron en el Garzocentro. “No fue amor a primera vista, como se suele decir, lo nuestro creció mucho antes porque somos muy afines, eso nos flechó”, evoca Luis pues ambos son evangélicos y les gusta el diseño gráfico.
Sandra estaba muy nerviosa. Se preguntaba: ¿qué me va a decir? ¿estaré un poco diferente a la chica de la foto? Aquel día ella se puso “todo el ropero encima”. Llegó tarde, pero Luis seguía esperándola.
Cuando Luis vio a Sandra en su primera cita, él quiso besarla pero ella no lo dejó porque quería ir más despacio. Desde ese día no se han separado. “Somos compañeros y un equipo de dos para todas las cosas”. Fueron enamorados tres años. Hoy llevan ocho meses de casados.
Ambos concuerdan en que hay que tener cuidado al relacionarse por las redes sociales. Luis insiste en que la apariencia física no fue lo importante. “Vimos más allá, yo le llamo un punto divino, Dios hizo las conexiones necesarias en el tiempo necesario para que nos conozcamos y se dio la relación”.
Según Tutivén, en la actualidad los vínculos amorosos son muy efímeros y frágiles. No hay paciencia ni espera para cultivar una verdadera amistad, para acompañar en lo bueno y en lo malo. A pesar de eso cree que una relación sí puede tener éxito si hay la capacidad para hacerla más sólida, para aceptar tanto cualidades como defectos y pasar de lo virtual a lo “encarnado”.
Tutivén relata su propia experiencia. Cada cierto tiempo chatea con su hermano que vive en Toronto. Con la tecnología actual puede ver a su familia en Canadá e incluso conocer a su sobrino recién nacido, a quien le presentaron por fotos vía celular. Reconoce que es una gran ventaja, pero el sentimiento no es el mismo.
Cuando visitó a su hermano en Toronto pudo cargar a su sobrino en sus brazos. “Ahí tuve la experiencia de lo que es el contacto humano, el contacto en el sentido carnal y no simulado, ahí hay un intangible, lo virtual no está encarnado, la encarnación da una dimensión real que no tiene lo virtual”.

¿Encuentros casuales en la red?

Marcos está convencido de que es más fácil relacionarse con una chica por las redes sociales que en persona. Él es tímido, le da vergüenza hablar con otra persona así como tratar de interactuar. “Si una chica lindísima llega a un bar, yo quiero hablar, pero no sé qué hacer, ni que decirle, me pongo nervioso”.
No le sucede lo mismo en las redes donde para él es mucho más fácil relacionarse. También es muy sencillo pactar encuentros sexuales pero niega que alguna vez los haya hecho. Hace dos semanas recuerda que un usuario de twitter, con muchos seguidores, le envió a su cuenta una página de citas. Le preguntó ¿por qué lo hacía?, le contestó que le habían pagado para distribuirlo en las redes sociales.
Marcos dice que en muchas de estas cuentas de avisos clasificados online se pueden encontrar sexoservidores.
Actualmente se comunica más por twitter pero además de esta red abierta también hay otras a las que llamó “underground”, donde se va directamente al punto. “Lo único que realmente se quiere es sexo”. Reconoce que sí las utilizó cuando tenía 22 años, pero luego se dio cuenta que a medida que iba avanzando en las opciones se veían “promociones” por las que le pedían pagos. “Si uno no puede pagar, olvídate, por más que quieras no podrás conseguir nada”.
Tutivén afirma que lo que hacen las redes es multiplicar las opciones, por eso se llaman redes. Alguien pide y demanda casi un servicio, de cualquier naturaleza, lo lanza en la red como cuando se lanza una pelotita en una malla, en cualquier lado la pelotita va a tocar la malla, y se accede a esa información. Antes era mucho más difícil, había que ir a tocar una puerta o preguntarle a un amigo con experiencia, había que trabajar ese vínculo y movilizarse. ¿A qué nos ha llevado esa facilidad? Cuando todo es muy accesible y fácil de conseguir, pierde valor automáticamente.



Fuente: http://especiales.eluniverso.com


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